Cinco errores que comete ‘La Odisea’ en su adaptación

A menos que vivas bajo una piedra, lo sabes. La Odisea de Christopher Nolan se convirtió en un inmediato y rotundo éxito. No solo de crítica, en la que logró más de 90 % de reseñas positivas en el agregador Rotten Tomatoes. También de audiencia, que le brindó una A en CinemaScore y más de un 95 % de opiniones favorables del público también en Rotten Tomatoes. Lo cierto es que el director, que llevó a cabo la proeza de adaptar el poema épico sin renunciar a su estilo cinematográfico realista, logró sorprender.
Pero además, abrió una amplia discusión debido a la decisión del cineasta que también adapta, de hacer cambios complicados dentro de su propuesta. El primero, que desató hace meses un amplio debate, fue utilizar la traducción de la obra realizada por la académica Emily Wilson, con un fuerte acento feminista. También, uno que indaga en el idioma, analizando sus peculiaridades para un público más joven. El segundo, fue la reescritura de algunas de las partes más conocidas del relato épico, para beneficio de la estructura y una trama más fluida.
De modo que el resultado es una versión interesante, visualmente fastuosa, pero sin duda, muy diferente a una interpretación fiel de la obra de Homero. Una salvedad que ha traído todo tipo de discusiones entre expertos y público. Pero en especial, un debate sobre la consistencia de la adaptación llevada a cabo por Nolan. Si deseas explorar en el tema, te dejamos esta lista: los cinco errores que comete La Odisea en su adaptación. De una omisión que cambia el tono y el ritmo, hasta el punto de vista moral. Todos para fanáticos del clásico relato universal.
La omisión de un clásico juego de palabras

La adaptación hecha por Christopher Nolan de La Odisea, desató una intensa controversia debido a una sorprendente omisión. Se trata de una de las escenas más célebres de la literatura universal. En el poema original, Odiseo, interpretado en la gran pantalla por el actor Matt Damon, logra escapar de las garras del temible cíclope Polifemo. Todo, empleando un brillante y milenario juego de palabras. Al identificarse falsamente bajo el astuto seudónimo de Nadie, el protagonista consigue crear una audaz confusión. Todo, cuando el gigante herido clama desesperado por ayuda a sus hermanos gritando que Nadie lo está matando. Algo que provoca que estos ignoren sus lamentos, asumiendo que no sufre ningún peligro real.
Este ardid clásico, una muestra de ingenio y astucia estratégica en la narrativa de la antigua Grecia, fue completamente eliminado de la trama. Específicamente, por decisión del director, un hecho que ha provocado una profunda decepción entre los críticos y los seguidores más puristas de la obra homérica.
Ante la ola de críticas desatada en los últimos días, el propio cineasta británico ofreció sus explicaciones. Durante una entrevista con The Daily Show, dijo que los juegos de palabras complejos resultan sumamente difíciles de traducir con éxito al lenguaje cinematográfico. Eso, sin comprometer la gravedad y la verosimilitud de la obra. El director admitió que, aunque dedicó un esfuerzo genuino a trabajar en el pasaje, intentando que encajara adecuadamente en la historia. Pero finalmente concluyó que la ingeniosa broma literaria rompía el tono sombrío, hiperrealista y profundamente visceral que buscaba imprimir en su producción épica.
Falta de rigor histórico en armaduras y vestuario

Incluso desde antes de su estreno, la falta de rigor histórico en el diseño de armaduras y vestuario despertó controversia alrededor de la cinta. Redes sociales y foros especializados criticaron todo tipo de detalles acerca del contexto y la ambientación de época. Elementos como el hecho de que los guerreros utilicen pantalones, un elemento textil que los antiguos griegos consideraban bárbaro y afeminado. Pasando por las mangas largas, zapatos de cuerpo y petos lisos, ignorando por completo la indumentaria de la Edad del Bronce. El vestuario se convirtió en un debate complejo que se volvió cada vez más complicado.
El tema no hizo más que volverse más complicado con el estreno de La Odisea. En particular, porque el cuestionamiento comenzó a girar en torno al aspecto de la armadura negra del rey Agamenón (Ben Safdie). El atuendo, que fue considerado exagerado y además anacrónico, despertó todo tipo de voces críticas.
Por lo que el cineasta británico se vio obligado a defender sus elecciones visuales alegando que el diseño de su vestuario tiene una base científica. Nolan detalló que se inspiraron en investigaciones sobre antiguas dagas micénicas hechas de bronce ennegrecido. Esta na sofisticada técnica metalúrgica de la época que combinaba oro, plata y azufre. Lo que justificaría el aspecto del personaje.
El polémico rediseño de las criaturas mitológicas

Fiel a su estilo enfocado en explicaciones pseudocientíficas y realistas, Nolan alteró drásticamente la naturaleza mágica de los monstruos que habitan el mar Mediterráneo. Un ejemplo evidente ocurre con los Lestrigones, quienes en el texto clásico son descritos explícitamente como una raza de gigantes antropófagos. Un ejercicio brutal que destroza la flota con rocas.
En La Odisea, estas criaturas fueron reimaginadas bajo conceptos estéticos que rozan la ciencia ficción. Por lo que tienen mayor parecido con autómatas en armadura que a entidades sobrenaturales. Lo mismo sucede con los pasajes de Escila y Caribdis, cuyas representaciones visuales priorizaron el impacto técnico y el suspenso sobre la fidelidad al folclore griego.
Otra queja estuvo en el hecho de que Christopher Nolan decidió no mostrar a las sirenas, sino el impacto que provoca en la tripulación de Odiseo. Por lo que solo se insinúa su existencia. Incluso, el poder mágico de su canto, se expresa a través de la expresión atormentada del héroe, sin que haya indicio de su naturaleza.
Alteración de la cronología y reubicación de mitos

Para encajar la inmensa epopeya en una estructura de tres horas de duración, el guion reordenó arbitrariamente los eventos del accidentado viaje de regreso. Los guionistas entrelazaron las tramas de una manera que desdibuja la geografía mítica homérica. El cambio más señalado en este apartado es la fusión de elementos del viaje. Algo que abarca cambios esenciales en la cartografía del viaje original.
Por lo que la trama introduce las flores de loto de la isla de los lotófagos directamente en las secuencias de la isla de la ninfa Calipso (Charlize Theron). Al mezclar los efectos somníferos del loto con el cautiverio de Odiseo, la adaptación desvirtúa la verdadera naturaleza de ambos peligros literarios independientes. Lo que convierte al viaje en un rompecabezas temporal innecesario.
Imposición de una culpa moral contemporánea

El último gran error radica en la reinterpretación psicológica del protagonista bajo una moralidad del siglo XXI. Lo que choca con la mentalidad de la Grecia antigua. En el poema original, las acciones de Odiseo responden a la ética heroica del honor, la astucia, la gloria y el derecho divino a la venganza.
Sin embargo, La Odisea presenta a un héroe atormentado que pasa diez años vagando por el océano como una forma de expiación autoimpuesta. Eso debido a los horrores y víctimas que provocó en la Guerra de Troya. Esta deconstrucción antibélica moderniza en exceso el relato, transformando una aventura de supervivencia y destino en un juicio geopolítico contemporáneo sobre las consecuencias de los conflictos armados.
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