7 películas atípicas para ver en Semana Santa

Con frecuencia, la Semana Santa es el momento ideal para explorar en el concepto del bien. O al menos, en cómo lo concibe nuestra descreída y con frecuencia muy cínica época. De la perspectiva que insiste en que lo divino es una fantasía creada por nuestra mente en busca de dar sentido al caos, a toda una corriente alternativa más singular. Esta última, enfocada en la idea de un nuevo tipo de bienestar físico y espiritual basado en la meditación y filosofías trascendentales.
Lo cierto es que en las últimas décadas, la idea sobre lo divino y lo místico atraviesa nuevos lugares. Algo que conduce también a una mirada al mal. Y más específicamente, la representación del diablo en el cine. Que ha transitado un camino fascinante desde lo grotesco hacia lo psicológico, dejando de ser un monstruo de feria para convertirse en un espejo de nuestras propias debilidades. En las primeras etapas del séptimo arte, la imagen de Satanás estaba fuertemente ligada a la iconografía medieval. Cuernos, piel roja, patas de cabra y un tridente, funcionando como un recordatorio visual del castigo eterno y la moralidad rígida.
Sin embargo, con el auge del cine moderno, esta figura sufrió una metamorfosis radical hacia la sofisticación. El diablo contemporáneo es un seductor, un estratega que habita en los rascacielos de las grandes ciudades o en los despachos de abogados más influyentes. Si esta perspectiva de las cosas te interesa, te dejamos una lista esencial para ti con 7 películas sobre el diablo para ver en Semana Santa. De una versión terrorífica, por cercana e incluso comprensible, hasta una comedia que te hará reír y también te dará escalofríos. Todo para los amantes de lo oscuro en su versión más inquietante.
El abogado del Diablo (Netflix)

Esta película de 1997 es un estudio fascinante sobre la vanidad humana y el libre albedrío. Al Pacino interpreta a John Milton, un carismático y poderoso director de un bufete de abogados en Nueva York. Que, para sorpresa de nadie, resulta ser el mismísimo Lucifer. Lo que hace que esta representación sea tan impactante es que el Diablo no utiliza cuernos ni fuego para tentar, sino el ego y la ambición de un joven y brillante abogado, Kevin Lomax (Keanu Reeves).
Por lo que el argumento sugiere que el mal no necesita forzar a nadie. Simplemente pone las oportunidades y deja que la naturaleza humana haga el resto. El monólogo final de Milton es una pieza magistral de retórica donde se describe a sí mismo como un “humanista”. Por lo que argumenta que él es el único que acepta los deseos reales del hombre, mientras Dios impone reglas imposibles. Es un thriller psicológico denso que explora cómo el éxito material puede corromper el alma. De modo que presenta un Diablo sofisticado, cínico y profundamente integrado en las estructuras del poder moderno.
La semilla del diablo (Prime Video)
Un clásico infaltable para la lista. En especial, porque en esta obra maestra del terror psicológico, el Diablo es una presencia constante pero mayormente invisible. De modo que su influencia se manifiesta a través de una comunidad de vecinos aparentemente inofensivos. La película narra el descenso de Rosemary Woodhouse (Mia Farrow) a una paranoia justificada. Eso, cuando sospecha que su esposo ha hecho un pacto con una secta satánica para asegurar su éxito como actor, entregando a su hijo nonato a las fuerzas del mal.
En la cinta, el horror no reside en efectos especiales, sino en la manipulación y la vulnerabilidad. El Diablo es el motor de una conspiración que utiliza la ambición masculina para atrapar a una mujer en una pesadilla doméstica. Cuando finalmente se revela la naturaleza del bebé, la película ofrece un giro perverso: el instinto maternal prevalece incluso ante lo monstruoso.
El Exorcista (para alquiler o compra en Apple TV)

La que se considera la película de terror definitiva presenta al Diablo (bajo la forma del demonio Pazuzu) como una fuerza invasora y destructiva. Una además, que corrompe la inocencia de una niña de doce años, Regan MacNeil (Linda Blair). A diferencia de otras versiones más seductoras, aquí el mal es visceral, grotesco y violento. El objetivo del demonio no es solo poseer el cuerpo de la niña, sino destruir la fe de quienes la rodean, especialmente la del padre Karras (Jason Miller).
Este último, un sacerdote que lucha con sus propias dudas espirituales. La película utiliza la posesión como un campo de batalla entre la ciencia y la fe. Un terreno resbaladizo en el que los médicos se quedan sin respuestas y solo el rito antiguo del exorcismo ofrece una salida. El optimismo, si es que lo hay, reside en el sacrificio personal y la fuerza de la voluntad humana para enfrentar una oscuridad que parece total. Es un retrato crudo de la malevolencia pura que busca humillar lo humano, convirtiendo lo sagrado en profano. Por lo que obliga a los personajes a confrontar la existencia literal del mal absoluto para poder salvar un alma.
Corazón satánico (Filmin)

Quizás no recuerdas esta película de 1987 de Alan Parker, pero es una maravilla oscura que indaga en el mal desde una dimensión siniestra. En especial, porque es un neonoir atmosférico que mezcla la estética de los detectives privados con el vudú y el ocultismo. Mickey Rourke interpreta a Harry Angel, un investigador contratado por un misterioso cliente llamado Louis Cyphre (un juego de palabras evidente con Lucifer), interpretado por Robert De Niro.
La búsqueda de un cantante desaparecido lleva a Harry desde las calles lluviosas de Nueva York hasta los pantanos de Luisiana, en un viaje que es tanto una investigación criminal como un descenso al infierno personal. El Diablo aquí es un titiritero paciente y elegante que disfruta viendo cómo su víctima descubre la terrible verdad: que no se puede escapar de una deuda con el infierno.
Constantine (Netflix)

Basada en los cómics de Hellblazer, su visión del diablo es una de las versiones más memorables y estéticamente únicas de Lucifer. Mucho más, gracias a que la entidad interpretada por Peter Stormare está más cercana a un demonio que a un monstruo. En este universo, el mundo es un tablero de ajedrez donde ángeles y demonios luchan por las almas humanas bajo reglas estrictas de no interferencia directa. John Constantine (de nuevo Keanu Reeves) es un detective de lo sobrenatural que intenta comprar su entrada al cielo expulsando demonios de vuelta al infierno.
El Diablo aparece en el clímax de la película, no como un monstruo, sino como un hombre vestido de blanco inmaculado, con los pies cubiertos de brea negra, irradiando una intensidad inquietante. Su relación con el protagonista es de una rivalidad casi personal. Lucifer desea el alma de Constantine con tal fervor que está dispuesto a intervenir personalmente para evitar que se redima. Es una visión moderna y cínica de la teología, donde el Diablo es un burócrata del sufrimiento que se deleita en las debilidades de los mensajeros de Dios. A la vez que muestra un equilibrio precario entre la condenación y la salvación.
La bruja (Movistar+)

Ambientada en la Nueva Inglaterra de 1630, esta película de Robert Eggers trata sobre la desintegración de una familia puritana expulsada de su comunidad. El Diablo aquí se manifiesta a través de la naturaleza, el aislamiento y, finalmente, en la figura de un macho cabrío llamado Black Phillip. Lo que hace que esta película sea única es cómo utiliza el fanatismo religioso y la represión para alimentar la presencia del mal.
El Diablo no es solo una amenaza externa, sino una oferta de liberación para Thomasin (Anya Taylor-Joy). Esta última, la hija mayor de la familia, es acusada injustamente por su propia familia de brujería. En un giro sorprendente y oscuro, el Diablo ofrece vivir deliciosamente como una alternativa al hambre, el trabajo duro y el juicio constante de un Dios severo.
Al diablo con el diablo (Disney+)

Para cerrar con un tono distinto, esta comedia ofrece una versión inusual: el Diablo es una mujer seductora y juguetona interpretada por Elizabeth Hurley. La premisa sigue a Elliot Richards (Brendan Fraser), un hombre desesperado y socialmente inepto que vende su alma a cambio de siete deseos para conquistar a la chica de sus sueños.
Aunque es una comedia, mantiene la esencia del mito fáustico: cada deseo es concedido literalmente, pero con un giro irónico que lo arruina todo. El Diablo aquí actúa como una maestra cruel pero necesaria, enseñando a Elliot que no existen atajos para la felicidad o la confianza en uno mismo. A pesar de las situaciones absurdas, la película explora la idea de que el mal a menudo se aprovecha de nuestras inseguridades y de nuestra incapacidad para aceptarnos como somos.
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